Una historia de croquetas

O como llegaron nuestras croquetas a México

En México, aunque enamorados de Galicia, les gusta sacar pecho con que su gastronomía es más exagerada que la gallega. Dicen que comen más platos y más fuertes. Lo segundo puede ser, porque por picar, en México, pica casi hasta el pan -basta decir que hasta toman la cerveza michelada, poniéndole sal por todo el borde al vaso-. Pero con lo de que comen más cantidad… por ahí sí que no hay que pasar. Les quedó claro a los mexicanos y todo a cuenta de unas croquetas. Sí, sí… leyeron bien. Unas simples croquetas, pero con más historia que muchos libros de bolsillo, porque Yatecomeré siempre tiene algo que contar.

Viajemos primero a Ribadumia, en O Salnés. Resulta que fue ahí, en Yatecomeré dónde vinieron al mundo las croquetas del cocinero Arturo Navas. Nacieron ellas, tan redondas y apetitosas, con un destino claro: México. Navas, que iba a viajar al citado país había mandado prepararlas de chocos, mejillones y quesos…  con mimo y dedicación (como lo marca la casa). Ni una sola con carne para evitar problemas en la aduana. Una vez hechas, se embalaron primero en cajas y luego en un arcón blanco. Y allá se fue Navas con ellas al aeropuerto. Que las criaturas gastronómicas cruzasen el charco no tuvo demasiada dificultad. Pero lo peor, estaba por llegar.

Tras aterrizar en México, Navas se fue raudo y veloz a rescatar sus croquetas. Ahí es nada. En la aduana le dijeron que no podía introducirlas en el país, que eran «comida de mascotas». El hombre se quedó de piedra. ¿Cómo era posible que confundiesen sus croquetas gourmet con comida de animales? Tuvo que deshacer el entuerto, no sin dar mil y una explicaciones. Y, al fin, logró presentarse en el hotel con su arcón de croquetas.

El camino parecía liso y llano para dar a probar su producto a los mexicanos. Pero la cosa se enrevesó más. Resulta que en el hotel insistían en que no tenían nevera para semejante cantidad de materia prima. Navas pensó en rendirse pero cogió fuerzas para insistir. Y volver a insistir hasta que las metieron en frío.

Tras toda la odisea, por fin, las croquetas se sirvieron en un cóctel en el Centro Cultural Español de Ciudad de México.

Los asistentes allí reunidos, conscientes de la pesadilla vivida por Arturo Navas, esperaban las croquetas como agua de mayo. Y al fin llegaron ellas, crujientes y calientes. Fue el acabose. Mexicanos y gallegos repetían una y otra vez entre exclamaciones de «esto está buenísimo». Y no, no se terminaron. Porque en México comerán a hartar, pero en Galicia más. Solo faltaría.

¡Imposible resistirse a las croquetas Yatecomeré!

 

Fuente: Salvar mis croquetas, la aventura de Arturo Navas desde Ribadumia (lavozdegalicia.es)

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